Revista surrealista autogestiva surgida durante la última dictadura militar argentina, creada por un grupo de jóvenes escritores y artistas plásticos, fue la continuación de la revista subte 'Poddema'.
-
Ficha Técnica
Título
SIGNO ASCENDENTE
Fechas Límitenº 1 (octubre 1980) – nº 2/3 (mayo 1982)
Fecha de publicacionoctubre 1980
DécadaCiudadPaísEditorialCentro Editor Independiente
DirectorColaboradoresIdiomaes
Cómo citar"Signo Ascendente, en AméricaLee. El portal de revistas latinoamericanas del CeDInCI, en línea.”
Colección en papelNotasSurgida en el ocaso de la última dictadura militar argentina, Signo Ascendente se constituyó como una intervención surrealista en el campo cultural porteño, operando como nodo de resistencia estética frente a la asfixia cultural del “Proceso”. Su título era en sí mismo una declaración de principios, en referencia directa al texto homónimo de André Breton, cuyas páginas abrían el primer número a modo de manifiesto fundacional. Se presentó explícitamente como continuadora de la revista Poddema con la leyenda “SIGNO ASCENDENTE suplanta y continúa a la revista Poddema, de la cual (salieron dos números agosto 1979 y febrero 1950). Dada la mínima difusión del segundo número de Poddema, “Signo ascendente” incluye en éste e incluirá en su próximo número, algunos de aquellos materiales que consideramos de importancia”.
La revista asumió la tarea de difundir materiales que consideraba esenciales para la continuidad del pensamiento surrealista en el Río de la Plata, practicando a la vez diversos ejercicios de escritura. Su lema, “por un arte independiente”, sintetizaba ese doble gesto: filiación con la vanguardia histórica y toma de distancia de los circuitos comerciales y oficiales.
El conjunto de jóvenes que la hacía constituyó el Grupo Signo Ascendente que, según recuerda Silvia Guiard, “surgió en plena dictadura, y lo primero a destacar es la fuerza aglutinante, centrípeta y creadora que lo impulsaba, en oposición al contexto de dispersión y destrucción cultural, política y social provocado por el terrorismo de estado. Su rasgo principal fue la autonomía y podría incluso decirse que se autogeneró” (2022).
La dirección del primer número estuvo a cargo del artista plástico Julio Del Mar, Silvia Grénier (seudónimo de la escritora y artista Silvia Guiard) y el escritor Alberto Arias (que firmaba como Alberto Valdivia), bajo el paraguas institucional del Centro Editor Independiente, un sello propio creado por Alberto Arias para la revista Poddema. En el grupo también participaban Alejandro Michel (que firmaba como Alejandro Mael) y la poeta Carmen Bruna, de la que no se registran colaboraciones en la revista (aunque puede haberlo hecho con seudónimo). Tras la aparición del primer número, en octubre de 1980, se integró al grupo la artista plástica Josefina Quesada, pintora surrealista y discípula de Juan Batlle Planas, cuya casa se convirtió en el ámbito de reunión del colectivo; también se sumarían Juan Perelman. A comienzos de 1981 el grupo estableció contacto con el grupo surrealista de París, y desde allí con los de Praga, Estocolmo, Chicago y São Paulo —más adelante llegaría el vínculo con Madrid—, lo que posibilitó el intercambio de libros, revistas y materiales inéditos que nutrieron su última entrega.
La revista publicó textos de André Breton, Benjamin Péret, Charles Baudelaire, Guillaume Apollinaire, Pierre Reverdy, Robert Owen, Charles R. Cross, Vincent Bounoure, Marianne Van Hirtum, Effenberger Vratislav, Michel Zimbacca, Aurélien Dauguet y Michael Löwy. Silvia Guiard ofició como traductora clave, vertiendo al castellano textos fundamentales de Breton —“Guerra”, “El mensaje automático”— y materiales de la revista francesa Civilización Surrealista.
Reprodujo además obra de Dorothea Tanning, Sebastian Münster, José Guadalupe Posada, Cecilia Heredia, Martin Stejskal, Eva Švankmajerová, Jean Terrossian, Karol Baron, Casimiro Domingo, Jean Louis Bédoin, Pedro Azevedo y Lidia F. También publicó en su primer número un ejercicio plástico de collage realizado por el Grupo Signo Ascendente. Este número trajo además una tarjeta con reproducción del collage “En el país del devenir incontrolable: El deseo” de Alejandro Michel (firmado con su seudónimo ‘Mael’).
Muchas colaboraciones se firmaron con seudónimo; además de los ya mencionados, Juan Carlos Otaño, por ejemplo, firmó como ‘Metzengerstein’, que era a su vez seudónimo de Edgar Alan Poe.
Su arquitectura interna combinaba teoría, praxis y polémica. Junto al editorial “Por un arte independiente” y el análisis del método analógico, la revista funcionó como laboratorio de escritura y difundió juegos de escritura automática colectiva del grupo editor que eran entendidos como medios para restablecer los contactos sensibles cortados por la lógica represiva. El “Cuestionario sobre el automatismo” ocupó un lugar central en el número doble. La “Carta abierta a Enrique Molina” representó su gesto polémico más significativo: una interpelación directa al poeta que exigía coherencia con las raíces subversivas del movimiento surrealista. También registró hitos de la época: la nota “Fuego, Fuego!!!” documentó el incendio intencional del Teatro del Picadero en 1981, sede de Teatro Abierto, vinculando el ataque con la censura impune; y “2 de septiembre” respondió críticamente a la legislación que restringía la labor de los psicólogos, denunciando el intento oficial de “mimetizar al hombre en un espantapájaros amordazado”.
Se publicaron dos entregas: el número 1 en octubre de 1980 y un número doble 2/3 en mayo de 1982 más el boletín “Situación del erotismo y del amor” que apareció en 1981 “con textos de todos los integrantes del grupo y que incluye ya un texto de Michael Löwy y un dibujo de Martin Stejskal” (Guiard, 2006). Las revistas fueron elaboradas de forma enteramente artesanal, cosidas a mano, con tipeo, diagramación y tareas gráficas realizadas por el propio grupo. Silvia Guiard recuerda que “algunas tareas gráficas las realizan miembros del grupo conocedores del oficio, y otras, todo el grupo orientado por ellos. Se limitan así al máximo los gastos necesarios, solventados colectivamente” (Ibíd). Las páginas y tapas se imprimían y luego se compaginaba y pegaban las hojas; las tapas se llevaban a pegar a la imprenta.
La revista se sostuvo mediante el aporte económico colectivo y la venta directa; se distribuían a mano y, progresivamente, en algún kiosco que las aceptara. Se imprimieron en los talleres de Viamonte 1692, Buenos Aires.
Pese al fin de la dictadura, la revista no volvió a publicarse. Sin embargo continuó como sello editorial Signo Ascendente, publicando libros de poesía entre 1983 y 1988, entre otros los Poemarios Salomé o la búsqueda del cuerpo (1983) y Los banquetes errantes: diario de viajes (1986), de Silvia Guiard (firmados con su seudónimo), o Morgana o el espejismo y Lilith de Carmen Bruna. Ya en los ’90 se sumaron también al Grupo SA Oscar Pablo Baldomá y Luis Conde.
Temas: Literatura argentina, Surrealismo, Poesía, Arte, Vanguardias literarias, Vanguardias artísticas, Dictadura militar argentina (1976-1983), Revistas subte.
Recursos relacionados:Rolando Revagliatti, “Recordando al escritor argentino Alberto Arias (1954 – 2020)”
Rolando Revagliatti, “Silvia Guiard: sus respuestas y poemas” [Entrevista]
Mauro Haddad, Candela Perichon, “Una ola de sueños. Experiencias del surrealismo en Argentina”
Kira Poblete Araya, “Las revistas literarias del surrealismo argentino”
-
Estudios Relacionados
Guiard, Silvia (1957)
Buenos Aires: el surrealismo en la lucha contra la dictadura.
Guiard, Silvia (1957)
‘Poddema’ y ‘Signo Ascendente’: surrealismo vs. dictadura.
- Índice
Colección
2 ejemplares